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Maestro mayor de obras es la denominación histórica de los masones constructores durante la época de las construcciones de las grandes catedrales góticas, una rama en la profesión de la construcción, que se desglosó de las funciones del arquitecto, del que fue sinónimo hasta la Edad Moderna. Puede relacionarse con el oficio de tradición de los masones constructores del Egipto antiguo, asi como con los posteriores especialistas de la práctica musulmana del alarife o maestros de albañilería mudéjar.​ A partir de la Edad Contemporánea es de uso más habitual la denominación de aparejador, oficio que se identifica con las funciones técnicas del maestro de obras.​ Posteriormente fueron surgiendo distintas denominaciones establecidas como grados académicos: el de arquitecto técnico y el de ingeniero de edificación.​ No debe confundirse con el oficio de maestro de mayores o Maestro de Mayores y Retórica, un cargo docente.​ Durante el Antiguo Régimen en la Monarquía Hispánica, las iglesias y catedrales,​ los municipios​ (destacadamente la Villa de Madrid, donde se titulaba Maestro Mayor de Obras y Fuentes​) y la Casa Real tenían como uno de sus principales cargos el de Maestro Mayor, que era servido por los más destacados arquitectos de la época (como Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora, Francisco Herrera el Mozo, Teodoro de Ardemans, Pedro de Ribera, Giovanni Battista Sacchetti, Francesco Sabatini, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva, etc.​); aunque, a medida que se fue estableciendo la enseñanza académica, se fueron haciendo frecuentes los recelos profesionales entre arquitectos y maestros de obras (como Antonio Plo en el siglo XVIII). En el momento en que se produce la muerte de Juan Bautista de Toledo, maestro mayor de las obras de El Escorial, en 1567, su sustitución por Juan de Herrera no se hizo bajo el mismo título, sino con el de nueva creación de Arquitecto Real.​ No obstante, el cargo de Maestro Mayor de las Fábricas de las Catedrales, la Villa de Madrid e incluso el de las Obras Reales siguió siendo cubierto en los siglos siguientes, manteniendo las denominaciones, jerarquía y funciones de los diversos cargos de las ordenanzas tradicionales (maestro mayor, aparejador, maestros de cantería, albañilería, carpintería, oficiales de cada una de las especialidades y peones).​ La Maestría Mayor de la Villa de Madrid, desde la fijación de la Corte (1561), era un cargo coincidente con el de Maestro Mayor de las Obras Reales (Maestros Mayores del Alcázar de la Villa de Madrid y Casas Reales de su entorno del Pardo y Campo) que dependía de la Real Junta de Obras y Bosques,​ y fue suprimida en varias ocasiones en el contexto de las disputas jurisdiccionales entre el Consejo de Castilla y el Ayuntamiento de Madrid.​ Había asimismo maestros mayores de fortificaciones, una posición estratégica que permitía el acceso a la ingeniería militar.​ En ocasiones se utilizaba la expresión maestro en las tres artes o de las tres artes mayores (pintura, escultura y arquitectura), lo que evidenciaba la posibilidad de que un maestro mayor de obras pudiera provenir tanto del campo profesional de la arquitectura como del de la escultura o incluso del de la pintura, como ocurrió con Alonso Cano.​ En un contexto más general, la denominación "maestro mayor" se aplicaba en varios gremios, pero incluso en esos casos su enumeración evidencia la conexión principal del término con los oficios de la construcción: Habrá maestros mayores en albañilería, carpintería, herrería, platería, escultura, pintura y demás artes mecánicas y liberales.​ También existía la denominación carpintería de lo blanco para designar a uno de los oficios de la construcción (Diego López de Arenas Breve compendio de la carpintería de lo blanco y tratado de alarifes, con la conclusión de la regla de Nicolás de Tartaglia y otras cosas tocantes a la Ieometría [sic] y puntas de compás, 1633).​ El oficio propio de lo que se acabó por denominar Maestro Mayor de Obras puede detectarse en los primeros documentos históricos, como los del Egipto antiguo, donde un alto funcionario de la corte era a su vez arquitecto diseñador, director de las obras y rendía cuentas directamente al Faraón, que le encomendaba la construcción de templos, palacios y hasta ciudades completas. Se ha conservado el nombre de la figura divinizada de Imhotep. En la Antigua Grecia, los constructores del Partenón: Fidias, Ictino y Calicrates (bajo el impulso de Pericles, como todo el programa constructivo ateniense de su época) fueron ejemplo de cómo una multiplicidad de funciones teóricas, de diseño matemático y artístico, prácticas, de coordinación y ejecución, eran responsabilidad de un mismo personaje o un equipo en el que las funciones de arquitecto y constructor no estaban separadas, a las que se añadían (en el caso de Fidias) las de escultor.​ En el imperio bizantino se dio la dualidad de oficios entre el architekton (constructor) y el mechanikoi (el verdadero arquitecto).​ Desde la Edad Media, lo que en latín se denominaba magister latomus, magister caementariorum, magister operis, magister perrerius o magister lapidum ("maestro albañil", "maestro de los constructores", "maestro de obras" o "maestro de las piedras");​ en francés maître d’œuvre ("maestro de obra") y en alemán Baumeister, Dombaumeister, Münsterbaumeister o Zwingerbaumeister ("maestro de obras, maestro constructor, maestro de obras de la catedral o maestro de obras de las murallas") era tanto el autor de un proyecto arquitectónico como quien ejercía la dirección de la construcción. Los textos mencionan el trabajo de monjes y legos en las obras. En 1145, San Bernardo envió al fundador de Perseigne (Guillermo, conde de Alençon) doce monjes, dos novicios y veintiún legos, bajo la dirección del abad Erard, para ayudar a la construcción de la abadía. La pericia de los cistercienses en la construcción era proverbial. El monje Henri (Enrique) fue el maestro de obra de Marienfeld en 1248. En Doberan, cuatro monjes: Rether, Siegebod, Ludolf y Henri, se sucedieron en tal función entre 1243 y 1298.